El
término de domótica se aplica a la ciencia y a los elementos
desarrollados por ella que proporcionan algún nivel de automatización o
automatismo dentro de las casas. Un concepto tan amplio y ambiguo puede
incluir desde simples temporizadores para apagar o encender una luz, hasta
sistemas mucho más complejos que permiten supervisar y controlar ciertas
funcionalidades de la vivienda de forma remota (mediante el uso de Internet o
telefonía móvil), visualizar a distancia lo que ocurre en su interior
o dotar incluso a la vivienda de la capacidad de tomar decisiones
cuando no están sus ocupantes.
El origen de la domótica
como tal, se remonta en Europa a los años sesenta, cuando aparecen los primeros
dispositivos de automatización de edificios basados en la tecnología X-10
(todavía existente debido a su eficacia, facilidad de implementación y bajo
precio). A partir de ahí, comenzó su evolución y comenzaron a surgir los
distintos estándares e infraestructuras que, suficientemente evolucionados y
con costes cada vez más competitivos, persisten en nuestros días.
En España, la domótica
comienza a implantarse y a extenderse a principios de los años noventa, en los
que tienen lugar las primeras iniciativas de promociones y el mayor
conocimiento de sus beneficios.
En general podemos
definir a la vivienda domótica como aquella que integra una
serie de automatismos, no sólo en materia de electricidad, electrónica o
informática; sino a nivel de conectividad y comunicaciones, con objeto de
asegurar a sus propietarios un mayor nivel de confort y seguridad, y
de permitirles obtener un mayor ahorro energético, una mayor facilidad de
comunicación y una integración óptima y eficaz de las distintas posibilidades
de ocio y entretenimiento.